EL AGUA ES DE TODOS
22.IV.08
Fue Manuel Lorenzo Pardo quien en la década de 1920 se refirió por primera vez a la descompensación hidrográfica de la Península Ibérica, poniendo de relieve que las zonas del litoral mediterráneo, teniendo mejor clima, recibían menor volumen de precipitaciones. Lo cual iba en contra de la lógica aspiración de maximizar rendimientos agrarios. A partir de lo cual recomendó el trasvase Tajo-Segura, que la Segunda República introdujo en su plan de obras hidráulicas de 1933 (cuando el frente del MOP estaba Indalecio Prieto), cosa que impidió la Guerra Civil, quedando postergado el proyecto hasta que el ministro de Obras Públicas Silva Muñoz –en tiempos de la ominosa— rescató la idea, para llevar el agua del Tajo a los riegos de Valencia, Murcia y Almería en 1977.
El ya mentado ingeniero Lorenzo Pardo (que tiene un pequeño monumento al lado de la Basílica del Pilar, mirando al Ebro) fue, además, el padre de las confederaciones hidrográficas, desde su propuesta inicial de considerar la cuenca de nuestro más caudaloso río como una unidad de acción integral. Idea que entusiasmó al Conde de Guadalhorce, que durante la Dictadura de Primo de Rivera estuvo al frente del MOP, y que generalizó el proyecto, diseñándose entonces el mapa de las confederaciones de toda la España peninsular, desde la del Norte a la del Sur y desde la del Tajo a la del Pirineo Oriental.
“Las desaladoras andan muy retrasadas, revelan inconveniencias cada vez mayores y tienen un funcionamiento muchas veces mediocre, con costes de agua muy superiores al riego natural” |
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Ya con esos bagajes de política hidráulica, en la línea que había soñado Joaquín Costa con el regeneracionismo, no tardó mucho en hablarse de un trasvase del Ebro; con un ramal hacia Cataluña al norte, y uno más largo al sur, hasta Almería, atravesando lo que hoy son la Comunidad Valenciana y la Región de Murcia. Planteamiento que empezó a materializarse con el Plan Hidrológico Nacional de 2003, que al llegar el PSOE al poder en 2004 quedó derogado, al grito de “¡¡desaladoras sí, el Ebro no se toca!!”.
Pero hete aquí que pasados cuatro años las desaladoras andan muy retrasadas, revelan inconveniencias cada vez mayores, y tienen un funcionamiento muchas veces mediocre, con costes de agua muy superiores al riego natural, si se toman en cuenta el CO2 que se genera, y otras secuelas del tipo de la salmuera y demás.
“Propongo se revise la derogación del PHN y se vuelva al trasvase del Ebro con todos sus complementos, a fin de cumplir con el artículo 14 de la Constitución, que dice que todos los españoles son iguales ante la Ley” |
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Y en estas estábamos cuando a petición del Tripartito, que veía el Ebro como el río sagrado intangible para todos, planteó su particular trasvase del Segre al Llobregat. Para después tener que aceptar una obra menor de alargamiento del actual mini-trasvase de Tarragona, para a lo largo de 67 kilómetros llevar el agua por tubería inserta en la Autovía 2, a fin de abastecer a Barcelona a partir del mes de octubre.
La Sra. Espinosa, ministra de los campos, las aguas, y los espacios marinos, y hasta el más allá, dice que eso no es un trasvase, sino “una transferencia puntual”, naturalmente leyendo un papelito que lleva en la mano para no equivocarse. Por lo cual, he decidido regalarle un mapa de las confederaciones hidrográficas, para que se percate de que el Ebro tiene su confederación, y Barcelona está en el territorio de la confederación del Pirineo oriental. Si pasar de una cuenca a otra no es trasvase, que venga el Santo Cristo de la Verdad y lo vea, y si no lo ve, diremos que la Sra. Espinosa nos recuerda a Arthur Koestler, autor de “El cero y el infinito” que en su versión original en inglés se titulaba “Oscuridad a mediodía” (Darkness at Noon), porque los dignatarios soviéticos imponían a sus súbditos, que no ciudadanos, la obligación de creer que a mediodía era completamente de noche, porque lo decía el PCUS, tal que hoy hace, en nuestras latitudes, el PSOE.
La tubería en cuestión es un trasvase del Ebro a la cuenca del Llobregat y a Barcelona. Y por pura lógica, si los taumaturgos del PSOE cambian su doctrina de no tocar el río sagrado del Ebro, para ahora llevar sus aguas a los catalanes –lo cual nos parece muy bien por aquello de “dar de beber al sediento”—, es lógico que valencianos, murcianos y almerienses se llamen a la parte. Así que el debate está servido, y yo propongo se revise la derogación del Plan Hidrológico Nacional, que se vuelva al trasvase del Ebro con todos sus complementos –lo cual vengo defendiendo desde el comienzo del milenio—, a fin de cumplir con el artículo 14 de la Constitución, que dice algo tan importante como olvidado: “Todos los españoles son iguales ante la Ley”. Y por tanto lo que tienen que hacer, si el Sr. Zapatero no cambia a la lógica racional, es ir al Tribunal Constitucional, denunciar la flagrante desigualdad que crea el Gobierno de la Nación combinándose con el Tripartito, y pedir que se aplique la verdadera doctrina del artículo 14 de nuestra Carta Magna.
Contacte con Ramón Tamames: bego@castellanacien.e.telefonica.net
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |