¿HABRÁ SUFICIENTE PARA QUE TODOS LOS HUMANOS PUEDAN COMER EN EL AÑO 2050?
13.XI.07
Con ocasión del Día Mundial de la Alimentación, que desde 1979 celebra la FAO el 16 de octubre de cada año, el profesor Jaime Lamo de Espinosa pronunció unas palabras en un acto celebrado en la ETSIA de Madrid, el pasado 30 de octubre. Estuvo presidido por el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el senegalés Jacques Diouf. Ocasión en la que Lamo de Espinosa planteó una serie de temas, dejando para el final el más importante: ¿En el horizonte 2050, habrá suficiente para dar de comer en el planeta Tierra a toda su población?
Don Jaime se mostró un tanto pesimista, pero dejó una brizna de posibilidades citando a Don Quijote: “Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para dar remedio a ellas”. Algo parecido al mito de la Caja de Pandora, en la cual, tras salir todas las miasmas, quedó un fondo de esperanza. Sin olvidar un pasaje similar en la Divina Comedia de Dante.
“Actualmente la agricultura mundial produce lo suficiente para alimentar a todos. Las bolsas de malnutrición y hambre se deben a problemas de distribución, dualismo económico en los países menos desarrollados, etc” |
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La respuesta más concreta para configurar esa puerta abierta en el año 2050, consiste en que con la Superficie Agraria Útil (SAU) hoy disponible sea técnicamente factible alimentar a todos. Con la experiencia previa de lo sucedido a partir de 1970, cuando la población mundial era de 4.500 millones, experimentándose después un crecimiento del 46 por 100, hasta llegar a los 6.600 de 2006. Un período de 37 años durante el cual la SAU mundial permaneció casi igual, en torno a 1.600 millones de Ha. Lo que da una idea de que el rendimiento medio creció durante ese periodo de manera muy importante, en torno al 1,08 por 100 acumulativo anual.
Actualmente con una población planetaria, ya se ha dicho, de 6.600 millones de personas, la agricultura mundial produce lo suficiente para alimentar a todos. Pudiendo observarse que las bolsas de malnutrición y hambre, que abarcan una cifra, según diferentes estimaciones, entre 500 y 800 millones (del 7,5 al 12 por 100 de la población planetaria), se deben más que nada a problemas de distribución, dualismo económico en los países menos desarrollados, etc.
A esos datos de partida, habrá que añadir las previsiones de la última conferencia demográfica mundial sobre la población esperable en el año 2050, que se fijó en la cota de 9.500 millones, ya virtualmente en crecimiento cero de cara a tiempos ulteriores. Una hipótesis que hoy puede parecer un tanto optimista, pero que de momento vamos a retener para nuestros cálculos. Pues los posibles aumentos de natalidad en países como China (al declinar la política de hijo único) se compensarán con la fuerte caída de la tasa media de fecundidad en naciones antes muy fatalistas, como México, Brasil, Tailandia, e incluso Sudáfrica e Indonesia.
“En los casi 43 años que nos quedan hasta 2050 deberíamos aumentar los rendimientos en un 0,9% anual, menos que el 1,08% del período 1970/2006. Una tasa que prima facie no parece tan difícil de alcanzar” |
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El paso de 6.600 a 9.500 millones de terrícolas en los 43 años que mediarán hasta 2050, representaría un crecimiento del 43,9 por 100, con una tasa media acumulativa anual de algo menos del 0,9. Y dentro de las hipótesis ya expresadas, la SAU necesaria, de mantenerse el mismo rendimiento actual, requeriría, obviamente, un incremento del 43,9 por 100. Lo cual obligaría a poner en cultivo casi 800 millones de Ha. más, para llegar a un total de 2.400. Algo que parece a todas luces imposible, ya que supondría entrar a saco en los bosques tropicales y roturar tierras absolutamente inadecuadas.
¿Dónde está, pues, la gran esperanza?, no puede ser otra que las nuevas tecnologías. En ese sentido, en los casi 43 años que nos quedan hasta 2050 deberíamos aumentar los rendimientos en un 0,9 por 100 anual; menos que el 1,08 por 100 del período 1970/2006. Representando una tasa que prima facie no parece tan difícil de alcanzar.
Los necesarios incrementos de rendimientos con la SAU actual, para llegar al objetivo 2050, deberían ir ligados, lógicamente, a la aplicación de toda clase de mejoras: agricultura sin laboreo y de precisión, cultivos hidropónicos, producción forzada en invernaderos y bajo plástico, biotecnología (OGMs), mejor uso de los fertilizantes, nuevos productos fitosanitarios y de lucha biológica contra plagas, puesta en riego adecuada, mejor uso del agua en general, y un amplio etcétera. Esas son las grandes tareas, y creo que en la FAO están trabajando en muchos de sus aspectos. Lo que sucede, sin embargo, es que en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación hace falta más presupuesto y más entusiasmo: para hacer más cosas (eficacia) y hacerlas mejor (eficiencia).
Contacte con Ramón Tamames: bego@castellanacien.e.telefonica.net
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |