EL TRISTE DECLIVE DE NUESTRA GANADERÍA OVINA TIENE REMEDIO
30.X.07
El sector ovino, antiguamente más conocido como ganadería lanar (por ser la célebre fibra textil su aprovechamiento casi principal, cosa que hoy ya no sucede por estos pagos, está sumido en una crisis preocupante. Lo cual se patentiza en el declive del consumo de sus excelentes carnes, quizá las mejores que pueden encontrarse según se refleja en el dicho popular “de la mar el mero, y de la tierra el cordero” (aunque algunos chuscos la sustituyan la segunda referencia por la del misionero).
Concretamente, el consumo español se ha estabilizado en algo menos de 120.000 tm/año, con unos 2,6 kg por habitante y año, el más bajo de todas las carnes —incluso inferior al minúsculo conejo—, según pone de relieve Juan Bilbao, veterinario responsable de Ganadería en ASAJA-Sevilla, en un excelente artículo en el boletín de dicha asociación de noviembre de este año.
“En mi niñez la alimentación era casi por entero la típica de la ganadería extensiva: las hierbas de los campos, cuando se hablaba en los casinos y tabernas de los pueblos de si iba o no bien la otoñada de los pastos” |
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La evolución de la cabaña de las mini-reses que nos ocupan es en efecto inquietante. Sobre todo al recordar que en mi niñez su censo se situaba en 27 millones de cabezas; casi tanto como la población de España por entonces. Algo bastante lógico, pues en aquellas calendas nada grecas, no existían problemas para tener pastores, y había pocos recursos en términos de piensos compuestos. Por lo cual la alimentación era casi por entero la típica de la ganadería extensiva: las hierbas de los campos, cuando se hablaba en los casinos y tabernas de los pueblos de si iba o no bien la otoñada de los pastos.
Actualmente se estima que estamos en sólo 16,5 millones de cabezas, con una caída espectacular de las explotaciones —por llamarlas de alguna forma –habida cuenta de su microfragcionamiento—, en tendencia que sigue claramente hacia abajo, por la escasez de pastores, y también porque la producción de carne de cordero no tiene ningún apoyo de marketing, ni de publicidad. A diferencia de lo que sucede con los productos del cerdo, cuando con Campofrío, El Pozo, Casa Tarradellas, etc, nos bombardean publicitariamente todos los días por televisión. En contraste con ello, los últimos especimenes de que estamos hablando que he visualizado por televisión, son los que aparecen en el anuncio de un fármaco para conciliar rápidamente el sueño… sin tener que contar los borreguitos de la historieta.
Quedaron muy atrás los tiempos en que Julius Klein, de la Universidad de Harvard, publicó su célebre estudio “The Mesta” (1936), ahora un clásico de la historia económica de España. Un libro en el que se reflejó al detalle cómo funcionó en el medioevo y en la edad moderna el complejo sistema de la riqueza lanar española, una de las principales bases de la exportación a Inglaterra y Flandes. Sobre todo, a partir de una raza excepcional, los merinos, que por entonces eran una exclusiva de estas patrias nuestras, y que hoy, en cambio, pululan por Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Uruguay, etc.
“Quedaron muy atrás los tiempos en los que Julius Klein publicó ‘The Mesta’ (1936), en el que se reflejó cómo funcionaba en el medioevo y en la edad moderna el complejo sistema de la riqueza lanar española” |
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Pero no debe darse por perdida la importante porción que el ovino representa en nuestra ganadería. Para lo cual habría de fomentarse entre los jóvenes ecologistas, o que dicen serlo, la idea de que pasar unos meses como pastores sería la mejor práctica para conocer a fondo la naturaleza. Al tiempo que las entidades agrarias tendrían que crear algún tipo de cofradía, sin necesidad de emular a La Mesta, a fin de sentar las bases, con la ayuda del Ministerio y de las CC.AA., de un sistema de apoyo al subsector; con marketing y publicidad de sus productos.
Resulta penoso que nuestros pastizales de montaña vayan quedando desiertos de tan ilustres habitantes-productores como son carneros, ovejas y corderos. Así que, señores Puxeu y Barato, sin olvidar a doña Espinosa y doña Narbona, a ver si entran Vds. en el asunto para que las muestras de los asados de Cuellar, Aranda, Sepúlveda, y otros tantos otros lugares de España no se pierdan nunca.
Nota importante: este artículo va dedicado a Don Julián Arévalo, que cuando era Subsecretario de Agricultura (ahora es Presidente de SAECA) se preocupaba mucho del tema. Y lo digo porque en una ocasión en que yo presenté una pregunta en la Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados, Don Julián, que tiene gran sentido del humor, me dijo: “Don Ramón ¡cuánta razón tiene Vd. sobre nuestros corderitos! Que están tan sabrosos, por lo cual debemos criarlos lo mejor posible, y no perderlos de vista hasta la hora de yantarlos para seguir deleitándonos con sus sabores y aromas”.
Contacte con Ramón Tamames: bego@castellanacien.e.telefonica.net
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |