“INCENDIOS FORESTALES 2006: UN PRIMER BALANCE”
6.XI.06.
Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, desde el 1 de enero hasta el pasado 1 de octubre de este Anno Domini 2006, se quemaron en España cerca de 145.000 Ha de superficie forestal en un trágico trance de 15.000 incendios. De los cuales, el 45 por 100, 6.704, se produjeron en Galicia que en el ejercicio que ahora está camino de terminar se vio especialmente castigada –según cabe apreciar en el cuadro que incluimos con los datos para las 17 CC.AA.—, con el 65 por 100 del área quemada de todo el país.
Superficie forestal quemada en España |
(01/01-01/10-2006) |
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CC.AA. |
Ha. quemadas |
% s/total |
Galicia* |
93.750 |
64,7 |
Castilla y León |
16.598 |
11,5 |
Asturias |
8.549 |
5,9 |
Castilla - La Mancha |
4.549 |
3,1 |
Extremadura |
4.149 |
2,9 |
Cataluña |
3.375 |
2,3 |
C. Valenciana |
3.168 |
2,2 |
Andalucía |
2.990 |
2,1 |
Aragón |
2.151 |
1,5 |
CC.AA. |
Ha. quemadas |
% s/total |
Canarias |
1.613 |
1,1 |
Cantabria |
1.603 |
1,1 |
Madrid |
1.083 |
0,7 |
Navarra |
781 |
0,5 |
Baleares |
161 |
0,1 |
País Vasco |
118 |
0,1 |
Murcia |
78 |
0,1 |
La Rioja |
66 |
0,1 |
Total |
144.799 |
100 |
Fuente: Ministerio de Medio Ambiente |
* Datos de Galicia son a 15/10/2006. |
“2006 ha sido un año de incendios excepcionalmente malo en Galicia, con una gran dosis de intencionalidad, lacra a la cual se unió el cambio de Administración: los nuevos mandatarios brillaron por su falta de pericia”
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Al presentar el anterior informe cuantitativo, el Ministerio de Medio Ambiente ha destacado que el número de incendios registrados en 2006 resulta inferior a los del mismo periodo de 2005 (23.908), como también han sido inferiores a la media de la última década (19.383). Por el contrario, la superficie arrasada, es superior a la media de los últimos cinco años (117.021 Ha), pero menor a lo que se quemó en los diez primeros meses del pasado año, cuando ardieron 180.234 Ha.; entre ellos, más de 10.000 Ha. en el Valle del Alto Tajo, con once muertos en las tareas de control y extinción.
Cristina Narbona, en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados para exponer la situación que nos ocupa, destacó que 2006 ha sido un año “excepcionalmente malo en Galicia”, donde se dio una gran dosis de intencionalidad, con 73 personas detenidas. Una lacra lamentablemente tradicional, a la cual se unió –y de eso la Ministra no dijo nada—, el cambio de Administración del PP a la coalición PSOE/BNG, que tuvo efectos traumáticos en la funcionalidad de los sistemas de prevención y extinción: los nuevos mandatarios brillaron por su falta de pericia y por su política de confusionismo.
Castilla y León y Asturias (vuélvase al cuadro) también sufrieron incendios de dimensiones considerables. Pero lo sucedido en las seis CC.AA. que figuran en la parte inferior del cuadro –con fuegos en cada una de ellas de menos del 1 por 100 del total nacional—, resulta muy esperanzador. Porque en un año tan seco, el hecho de que apenas hubiera fuegos cabe atribuirlo al efecto alarma por lo sucedido en Galicia, que alertó a los servicios de guardería y extinción de las demás CC.AA.
En cualquier caso, no se puede estar satisfechos, ni mucho menos, de este primer balance de incendios forestales del 2006, cuando con la lluvia que ya está regando toda Iberia, tanto la húmeda como la seca, en todo el país se han alejado los peligros de nuevos episodios incendiarios de cierta magnitud. Pero se trata de una benevolencia sólo pasajera, y ha de subrayarse que el sistema forestal de conservación continua estando descoordinado. Y por ello mismo, con base en el artículo 155 de la Constitución (la llamada intervención federal en la jerga de los politólogos), el Ministerio de Medio Ambiente –en combinación del de Agricultura, porque los bosques suelen estar en medio del campo— debería asumir una labor de coordinación mucho mayor en busca de una más alta eficiencia que hasta ahora.
“Para conservar es necesario cortar mucha más madera en España, que consume más de 30 millones de m3 y corta poco más de 15 millones; cuando podríamos llegar fácilmente al doble sin mermar el capital vuelo” |
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En ese sentido, además de reforzar los medios convencionales de prevención, debería establecerse un dispositivo do ut des con los propietarios forestales privados, de modo que a cambio de una serie de prestaciones y apoyos públicos, asumieran obligaciones muy concretas en el cuidado de sus bosques. Estableciéndose entre ellos agrupaciones funcionales, para desarrollar labores con eficiencia, habida cuenta de la fragmentación de los activos forestales no públicos.
Y por último, y no lo menos importante, para conservar es necesario cortar mucha más madera en España, que consume más de 30 millones de m3 y corta poco más de 15 millones; cuando podríamos llegar fácilmente al doble sin mermar el capital vuelo. Así pues, en vez de potenciar nuestros bosques, se recurre sistemáticamente a la importación, por los bajos precios internacionales, con la consecuencia de que nuestras áreas forestales permanecen ociosas y envejeciendo; en contra de lo que son las normas más elementales de conservación.
También habría que lograr una política europea mucho más activa que la actual, para incentivar una mayor producción forestal en nuestros propios territorios. Para producir más y conservar mucho mejor lo que hasta ahora es un sector semiabandonado y sin suficiente autoestima a efectos populares, a pesar de ser decisivo para mantener la propia base de la vida.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |