“VIRUTAS PARA VINO SIN BARRICAS”
31.X.06.
La noticia es bien reciente y la transcribimos de forma literal: “La Comisión Europea aprobó el pasado 11 de octubre el reglamento por el que se autoriza el uso de trozos de madera de roble, como las virutas o el serrín, en la elaboración del vino, práctica enológica admitida por la Oficina Internacional de la Viña y el Vino (OIV), y que ya había sido acordada en el correspondiente Comité de Gestión. El texto, que ha sido acogido favorablemente por las asociaciones de empresas vitivinícolas (Avimes y FEV), entrará en vigor a los siete días de su publicación en el Diario Oficial de la Comunidad Europea (DOCE)”.
Con esa decisión que ha dado el Colegio de Comisarios, se abre una nueva etapa en la historia del vino, que desde hace mucho tiempo, en sus manifestaciones sobre todo de tintos, se envejecía en barricas (para crianzas, reservas e incluso soleras), en donde, en el silencio de las cavas, iba pasando el característico sabor del roble al caldo, ya fuera quercus americano, Limusín o del país. Así pues, ya no será preciso que el proceso de vinificación se produzca como hasta ahora. Bastará que en tinas de acero inoxidable se echen unas virutas o serrín… y ya está.
“Se abre una nueva etapa en la historia del vino, que desde hace mucho tiempo se envejecía en barricas, en donde, en el silencio de las cavas, iba pasando el característico sabor del roble al caldo”
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La decisión comunitaria seguro que va a ser muy criticada por los connaisseurs, porque supone un cambio dramático en las pautas de producción. Y por mucho que el nuevo procedimiento acorte la maduración y abarate el producto final, tendrá que pasar un tiempo para apreciarse las diferencias de calidades del viejo y del nuevo sistema. Y desde luego, si hay que votar para que los vinos así logrados luzcan en las etiquetas la forman en que se han hecho, estamos a favor de ese pronunciamiento. Que cada uno sepa lo que bebe.
¿Qué dirán ahora los Petrus de Pomerol, los Pingus de Quintanilla de Onésimo, los Vega Sicilia de Valladolid, etc? Creo, sinceramente, que esas grandes firmas, y también los grandes expertos, han de pronunciarse sobre el tema.
Preparando esta nota, conversé con uno de nuestros gastrónomos y eno-conocedores más notables, Gonzalo Sol, quien me amplió la información. En el sentido de que con el nuevo procedimiento viene a consagrarse una práctica que ya estaba realizándose en muchas bodegas, al introducir inputs de madera de roble, para mantener en vida barricas ya muy deterioradas por el paso del tiempo, con sus interiores cristalizados, y con práctica imposibilidad ya de aromatizar el caldo y facilitar el intercambio de taninos. De modo que en la nueva situación, esos viejos obres podrán mantenerse legalmente al servicio de un método que hasta ahora se consideraba fraudulento.
“El presidente de la OIV, Reiner Rwittkowski, haya dicho que ‘es lo mismo echar madera al vino, que echar vino a la madera’. La frase se me antoja un tanto obscena” |
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Y seguiremos sin estar convencidos de las virtudes del nuevo procedimiento, por mucho que el presidente de la OIV, Reiner Rwittkowski, haya dicho que “es lo mismo echar madera al vino, que echar vino a la madera”. La frase, personalmente se me antoja un tanto obscena, y no coincido en su contenido y mucho menos en su contundencia. Por ello, le digo a Doña Elena Espinosa y a Don Josep Puxeu, que al reglamentar la disposición comunitaria en España precisen que en el etiquetado ha de ponerse muy claramente si estamos ante una verdadera crianza, reserva, o solera, obtenidas por el método tradicional, o si por el contrario el vino se ha hecho sin criarlo ni reservarlo ni solerarlo.
El cambio ahora introducido, recuerda bastante aquella película gloriosa, en la que, atravesando el Oeste por vía férrea a toda velocidad, Groucho Marx, el más notable de los tres hermanos, gritaba desaforadamente aquello de “¡Más madera, que es la guerra!”.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |