“A VUELTAS CON LA REFORMA DEL MERCADO DEL VINO”
11.VII
.06.
La Sra. Mariann Fischer Boel, comisaria europea de Agricultura ha planteado con gran énfasis la reforma de la organización común de mercado (OCM) del vino. Y lo ha hecho con palabras en principio muy razonables: “Nuestro sector vitivinícola tiene un enorme potencial que hemos de desarrollar y utilizar activamente. Con todo, a pesar del fantástico grado de especialización y del arduo trabajo que han hecho posible el reconocimiento de los vinos europeos, el sector se enfrenta a graves problemas”.
Entre esas dificultades, la Comisaria destaca el hecho de que en la UE se registra un descenso lento, pero continuado, del consumo. Lo cual significa que estamos perdiendo nuestro propio mercado interior; en gran medida por la falta de interés de la juventud, que mayoritariamente oscila entre las bebidas alcohólicas y el botellón, y que en su búsqueda de excitaciones se deja llevar por las drogas convencionales o las de diseño. Ignorando las virtudes de lo que desde tiempos de Noé es el mejor y más deleitoso de los alimentos.
"Si las exportaciones comunitarias aumentan lentamente, las del hemisferio sur se han disparado, de forma que la UE podría convertirse en importadora neta de vino, una idea disparatada hace pocos años" |
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Pero al tiempo que se descuida el consumo propio, la Sra. Fischer también pone de relieve que en los países donde está descubriéndose el placer de paladear un buen vino, los que están haciéndose con la mayor parte del mercado son nuestros rivales del “nuevo mundo” (no sólo de las Américas desde Chile y Argentina hasta California, sino también Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica). De modo que si las exportaciones comunitarias siguen aumentando lentamente, en cambio las del hemisferio sur se han disparado, “de forma que tal vez dentro de poco tiempo –pronostica la comisaria—, la UE podría convertirse en importadora neta de vino, una idea que hace pocos años se habría considerado como absolutamente disparatada”.
Pero a partir de ese preámbulo, tan razonable por el escueto registro de unos hechos que difícilmente nadie puede discutir, las cosas son diferentemente opinables a la hora de entrar en el ámbito de soluciones. Entre otras razones, porque la comisaria defiende la idea de reducir la oferta comunitaria, a base de arrancar nada menos que 400.000 hectáreas de viñedo, con un incentivo para ello que ya se ha cifrado en 2.400 millones de euros. Algo que, prima facie se configura como una política de lo más errónea, pues por cada hectárea de viñedo que se descepe dentro de la Comunidad, los del “nuevo mundo” plantarán otro tanto o más, si bien es cierto que una parte del sector agrario español está por el arranque, siempre voluntario, a la vista de los precios envilecidos de la uva, lo que está conduciendo a un abandono en los trabajos culturales de los viñedos. Temas que suscitan la necesidad de un amplio debate sobre la cuestión.
"En vez de reglamentar tanto, habría que confiar en las tendencias que defina el mercado, de modo que sean esas perspectivas las que lleven a la contracción o expansión de la oferta" |
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También prevé la Sra. Fischer suprimir las ayudas a la destilación, una eventualidad que se traduciría en la importación de alcoholes foráneos sin las señas de calidad y seguridad que caracterizan a los comunitarios. Aparte de que se perdería un instrumento de regulación del mercado de lo más determinante.
Ya sabemos que la cuestión en conjunto es complicada por sus diversas facetas, como etiquetado, consejos de denominación de origen, control de nuevas plantaciones, etc. Pero por encima de todo, lo que no cabe duda es que el medio ambiente en muchas zonas está en pro del mantenimiento de la producción, en unas tierras que tendrían muy difícil alternativa.
En definitiva, en vez de reglamentar tanto, habría que confiar más en las tendencias que vaya definiendo el mercado. De modo que sean esas perspectivas las que lleven a la contracción o expansión de la oferta, buscándose al tiempo mayor calidad y un recorte en los costes productivos, en la línea de conseguir verdaderas economías de escala, y un marketing y una logística más inteligentes. Para lo cual habría de favorecerse la formación de grandes grupos productores/exportadores, superando la atomización actual en miles de bodegas en su mayoría muy pequeñas.
Todo lo anterior nos parece conveniente, sin olvidar la perentoria necesidad de ir mejorando nuestra cultura del vino, sobre todo entre las ya aludidas nuevas generaciones. Tal como se hace, por ejemplo, en California, donde las wineries se han convertido en auténticos centros de turismo gastronómico o enológico, y donde la industria cinematográfica (¿se acuerdan de la cinta “Entre copas”?) favorece el consumo de calidad con moderación. Pero todas esas cosas deben sonarle un poco a chino a la Sra. Fischer, y no menos a la Sra. Espinosa. Así pues, parafraseando una máxima popular, diríamos “que Puxeu –que algo sabe de todo esto— nos coja confesados”.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |