"LOS INCENDIOS FORESTALES DEL VERANO,SE APAGAN EN INVIERNO... O EN PRIMAVERA
8.V.06.
Hace pocos días, aprovechando el puente de primeros de mayo, estuve en Portugal. Y entre otras, atravesé la región de Tras-os-montes, y pude apreciar visualmente el fortísimo impacto de los incendios forestales de los últimos dos años. Amplias extensiones de monte carbonizadas, todavía con los fustes de los pinos sin cortar, un patético paisaje sólo reverdecido en parte por el vivaz resurgimiento de los eucaliptos. Con la sensación global de que los portugueses han perdido gran parte de interés por su gran riqueza forestal, que tienen seguramente mal organizada, y peor atendida.
Los anteriores comentarios vienen a colación de que al irse acabando la primavera, algo más lluviosa que el año pasado, y acercándose el tórrido verano, ya hemos tenido un primer incendio. Precisamente en la franja fronteriza de Zamora, de llamas que se iniciaron en tierras lusitanas. Un primer toque de atención de lo que podrá ser otro año más de fuegos pertinaces y destrucción ambiental.
" No hace falta ser profeta para asegurar que vamos a tener un año de incendios como los anteriores. Con nuevas lamentaciones por las víctimas pero sin un servicio de guardería al nivel de nuestras necesidades " |
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2005 quedará en los anales de la historia forestal española como uno de los peores. Especialmente por las once muertes, en las labores de extinción, que se produjeron dentro del Parque Natural del Alto Tajo. Allí, agentes forestales y bomberos fueron sorprendidos por un brote ígneo de gran fuerza, que les rodeó inopinadamente para llevarles a una de las muertes más terribles.
Como era inevitable, después de la confusión que se organizó en toda la zona, llegaron los inevitables jerifaltes, incluyendo a la Sra. ministra de Medio Ambiente y, a la vuelta de un viaje al extranjero, y de forma clandestina para evitar abucheos, también la del presidente del Gobierno.
Se prometieron grandes cambios en la prevención y extinción del fuego en los montes, y por el Boletín Oficial del Estado pasaron algunas disposiciones en esa línea. Pero ni siquiera los más directamente afectados por aquella tragedia han sido debidamente atendidos, ni siquiera indemnizados de forma razonable, por lo cual han tenido que recurrir a las más altas instancias de Bruselas.
" No veo ninguna campaña sobre la temporada de máximo peligro para nuestros bosques. Ni ningún entusiasmo por parte del Gobierno o de las autonomías por cómo combatir lo que se nos viene encima " |
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El trágico episodio de Guadalajara no nos ha servido de lección. Dentro de pocas semanas, las últimas lluvias de primavera dejarán paso a otro estío seco y prolongado. En quince o veinte días el sotobosque se convertirá nuevamente en yesca pura, a la espera de la llegada de los pirómanos, de los ejecutores de venganzas sobre montes o sembrados de los vecinos, de los visitantes en la negligencia más absoluta, de los recalcitrantes paelleros y chuleteros domingueros. E incluso, como en los últimos años, habrá algunos empleados de empresas o grupos de extinción que pegarán fuego al monte, por aquello de que "si no arde no hay trabajo, y sin trabajo no se come".
No veo en la Administración Pública ninguna verdadera campaña sobre la inminente temporada de máximo peligro para nuestros bosques. Ni he visto ningún entusiasmo por parte del Gobierno de la Nación (cada vez más desnacionalizada), ni de las 17 autonomías, por cómo combatir lo que se nos viene encima. Unos con sus alianzas de civilizaciones, y los otros con sus Estatutos: "manga por hombro, y la casa sin barrer".
No hace falta ser profeta para asegurar que vamos a tener un año de incendios como los anteriores, por lo menos. Con nuevas lamentaciones por las víctimas, nuevas prédicas sobre los descuidos, pero sin un servicio de guardería al nivel de nuestras necesidades. Y seguiremos sin incorporar a tan ardua labor a una juventud que en vez del botellón y la playa podría estar unas semanas en estas labores. Y es que, se diga o no se diga, seguimos viviendo a espaldas de un sector forestal que todavía se mide de la forma más miserable por su menguada contribución a la producción final agraria. Como si no hubiera otras cosas que el bosque nos proporciona para mantener nuestra propia base de vida.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |